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“Aquel que cree entender bien el Líbano es porque se lo han explicado mal”

Mar Martínez Turallols | 15 de febrero de 2019

Tomás Alcoverro considera Beirut como su segunda ciudad (Mar Martínez/DOBLECHECK)
Tomás Alcoverro considera Beirut como su segunda ciudad (Mar Martínez/DOBLECHECK)

Tomás Alcoverro (Barcelona, 1940) es el corresponsal de La Vanguardia en Beirut. Es allí donde reside desde hace 38 años. Su trabajo ha sido premiado con el Premio Manuel Vázquez Montalbán en 2004 y la Creu de Sant Jordi en 2006.  

Tomás vive al lado del hotel Commodore, conocido por albergar a un gran número de espías durante la guerra civil libanesa (1975-1990). Sin embargo, aunque me encontraba a media hora en coche, tardé hora y media en llegar. “Mira lo que te ha costado encontrarme y eso que presumo de vivir en uno de los lugares más conocidos de Beirut”, dice riendo Alcoverro.

Uno de los problemas a los que tienen que enfrentarse los libaneses es la falta de organización urbana. En el Líbano no hay direcciones como las conocemos nosotros, definidas por el nombre de la calle y su número, sino que cualquier dirección es una aproximación entre dos edificios conocidos.

Egocentrismo occidental

“Vivimos en un mundo muy pequeño. El mundo occidental es centrípeto porque creemos que todo el mundo es parecido al nuestro pero la realidad no es así. La mayoría de países no tienen números en las calles, por ejemplo”, subraya Tomás. “A mi me ocurrió lo mismo que a ti en Teherán, tardé tres horas en llegar a una cena porque había tres calles con el mismo nombre en la capital de Irán”, explica Alcoverro.

 

“Vivimos en un mundo muy pequeño. El mundo occidental es centrípeto porque creemos que todo el mundo es parecido al nuestro pero la mayoría de países no son así”

 

Tomás Alcoverro siempre ha sentido fascinación por el Mediterráneo Oriental. “Empecé con viajes a Grecia con un Citroën dos caballos, más tarde viajé a Siria, Turquía y finalmente llegué a Beirut. Esta parte del mundo siempre me ha parecido más interesante porque es donde pasan las cosas”, indica Tomás y añade que “desde un punto de vista periodístico me atrajo esta parte del mundo porque sus características me provocaban rechazo y a la vez emociones y aventuras”.

Por otro lado, vivir en un país mientras vive una Guerra Civil también provoca miedo. “Este mismo edificio aburrido que hoy está lleno de oficinas MasterCard, en su época era fascinante. En él vivían diplomáticos y periodistas. Cuando Beirut vivió una época muy mala de secuestros, secuestraron a mi vecino de arriba y al de abajo. El vecino de arriba era un corresponsal británico y el de abajo era Roger Aunque, corresponsal de Francia”, alega Tomás.

La explicación que da el entrevistado sobre aquel incidente es que los secuestraron por su nacionalidad, ya que Francia e Inglaterra estaban proporcionando armas a Irak. “Los secuestros se hacían como moneda de cambio y fueron muy recurrentes durante un largo período”, afirma Alcoverro.

 

“Nunca me aburro aquí. Uno puede tener miedo pero aburrirse nunca. Los temas que hay aquí son más divertidos que hablar de los problemas económicos que sufren los países”

 

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Tomás Alcoverro decora su casa con recuerdos de sus viajes (Mar Martínez/DOBLECHECK)

El periodista se define como alguien con doble nacionalidad. “Mi segunda ciudad es Beirut, Beirut me da vida. Además, he tenido mucha suerte porque me hubieran podido matar pero sigo aquí y sigo viviendo experiencias increíbles”.

“Siempre se ha especulado sobre Oriente Medio y sobre Beirut, ya que se conoce por haber sido un centro de espionaje”, dice riendo en su sillón. Tomás no pasó desapercibido cuando empezaron los rumores sobre ello: “En los años de la guerra había cada vez menos gente y los que quedábamos parecíamos personajes pintorescos. Por esto, la gente te preguntaba quién eras pensándose que tenías algo que ver con el mundo del espionaje. Como estaba harto de que me preguntaran qué hacía allí acabé diciendo que era espía del Principado de Andorra”.

 

“Como estaba harto de que me preguntaran qué hacía allí acabé diciendo que era espía del Principado de Andorra”

 

Mirada desconocida hacia Oriente

Rudyard Kipling, escritor británico, redactó: “El Este es el Este y el Oeste es el Oeste y nunca se encontrarán”. Aunque estas palabras fueron escritas en el siglo XIX, la mirada que tiene el mundo occidental sobre Oriente sigue siendo de incomprensión.

Oriente Medio sigue siendo desconocido por la mayoría. “El conocimiento sobre estas tierras no es fácil porque nos dejamos llevar por los comentarios que oímos de ellas. Los habitantes de aquí nos conocen más a nosotros que nosotros a ellos”.

Tomás Alcoverro afirma que gracias al pesimismo y al hecho de ser catalán tiene la capacidad de entender el Líbano. “Yo soy pesimista y me parece que tendríamos que hacer esfuerzos para sacarnos de la cabeza cantidad de prejuicios. Si en España somos pocos e iguales y ya hay diferencias entre distintas zonas, en un mundo lleno de minorías y comunidades, la tensión aumenta potencialmente”.

El Líbano tiene 10.400 kilómetros cuadrados, equivalente a la región de Murcia. La diferencia es que en esta pequeña superficie conviven 18 comunidades reconocidas. Cada una de ellas con sus propias particularidades en cosas tan cotidianas como la herencia o el matrimonio. “Teniendo en cuenta el territorio delimitado en el que viven, la convivencia no es fácil”, declara Tomás.

El periodista ejemplifica este problema con el Gobierno: “Las diferencias entre comunidades se visualizan en los cupos que tiene cada colectivo en la administración pública”. Según Alcoverro, “este es uno de los problemas que tendrá el país a corto plazo”.

“El Líbano es el único país árabe donde el Jefe del Estado es cristiano y donde el día de fiesta es el domingo. Sin embargo, en la actualidad, la mayoría de la población es musulmana y esto puede originar un cambio de gobierno. Cuando se hizo el último censo de población en 1942, la mayoría era cristiana y como el Gobierno sabe que en la actualidad gana la parte musulmana, hablar del censo en el Líbano es un tema tabú”.

 

“El Líbano es el único país árabe donde el Jefe del Estado es cristiano y donde el día de fiesta es el domingo. Sin embargo, en la actualidad, la mayoría de la población es musulmana y esto puede originar un cambio de gobierno”

 

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La población musulmana es superior a la cristiana pero el Jefe del Estado sigue siendo cristiano (Mar Martínez/DOBLECHECK)

 

Un país vidrioso

“El Líbano de ahora no es el mismo que conocí al llegar; Beirut se ha empobrecido y debilitado. Además, debe sumarse el terrible impacto de los refugiados sirios, ya que se calcula que el flujo que ha llegado al Líbano roza los dos millones. Esta entrada masiva y la crisis económica que vive el país están agravando la situación política”, comenta Tomás y añade: “yo creo que el país va de mal en peor”.

El Líbano vive una realidad compleja marcada por la multiculturalidad. En una misma frase, una persona puede utilizar hasta cuatro idiomas: el árabe, el inglés, el francés y el armenio. “Aquél que cree entender bien el Líbano es porque se lo han explicado mal”, declara Tomás Alcoverro. La multiculturalidad del país está condicionada por los movimientos migratorios que lo caracterizan. “Mientras los libaneses se van en busca de nuevas oportunidades, hay gente que ve el país como un refugio por su condición geográfica”.

 

“Mientras los libaneses se van en busca de nuevas oportunidades, hay gente que ve el país como un refugio por su condición geográfica”

 

Según el periodista, “el problema radica en que los refugiados que llegan al Líbano acaban rehaciendo su vida y no vuelven a su país natal”. “El país ha acogido desde la Primera Guerra Mundial a 300.000 armenios que siguen conservando sus formas de vida, 400.000 palestinos y dos millones de refugiados sirios. Estas grandes cantidades hacen que la población libanesa se muestre contraria a la acogida de refugiados”, afirma Tomás.

 

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El Líbano acoge casi tres millones de refugiados (Mar Martínez/DOBLECHECK)

Hizbulá, “Dios o diablo”

Hizbulá es una organización militar chií libanesa que se enfrenta constantemente contra el Ejército israelí. “La organización es vista por la población libanesa como el diablo o como el Dios salvador”, afirma Alcoverro y añade que “desde hace 30 años esta comunidad se ha ido haciendo más importante, fuerte y motivada”.

La ocupación por parte de Israel en 1982 provoca que este “partido-milicia” decida luchar contra él. El periodista indica que “los chiíes se han asentado en el Líbano hasta conseguir crear un tercer reino en el país. Ahora el Líbano está dividido en chiíes, musulmanes y cristianos.”

 

“Hizbulá es vista por la población libanesa como el diablo o como el Dios salvador”

 

Por otra parte, “la milicia Hizbulá aunque defienda al Ejército libanés supone también una amenaza para el país”, comenta Alcoverro. “El Líbano no tiene la fuerza suficiente para luchar contra Israel. En caso de conflicto, el Ejército israelí destruiría el Líbano en una hora”, afirma Tomás y añade “Hizbulá es el bombero y el que produce el incendio. Cuando hay un ataque de Israel, Hizbulá defiende al Líbano. El problema es que muchas veces ese ataque ha sido producido por la provocación de la milicia”.

La presencia de Hizbulá hace que el Líbano quede dividido entre suníes apoyados por Arabia Saudí y chiíes, enemigos de Estados Unidos.

Me matas o te mato

Oriente Medio vive en tensión constante. En la actualidad, Siria ha dejado más de 500.000 muertos. “La guerra aún no ha terminado en Siria pero está muy acabada. Sin embargo, nunca habrá una declaración diciendo que la guerra ha acabado porque siempre podrán haber pequeños conflictos”, comenta el periodista especializado en el Próximo Oriente.

Tomás Alcoverro recoge las palabras del presidente Bashar al-Assad, que pronunció en una entrevista con el periodista en 2017 y define la política del Oriente Medio en: “me matas o te mato”. El hecho de convivir sin convivir resume las palabras del presidente, ya que en un país caracterizado por la multiculturalidad “una identidad puede convertirse en una fuerza asesina”.

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