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Koeman no consigue que el Barça carbure

Arnau Martínez Herraiz | 07 de enero de 2021

El técnico holandés busca la regularidad mientras presencia la crisis institucional del club en una temporada de transición

 

Un coche sin rumbo, sin manos en el volante y con los neumáticos desgastados. Así quedaba el Barça tras la dolorosa derrota en Lisboa contra el Bayern de Múnich. Sin embargo, Ronald Koeman, que estaba liderando una selección holandesa en auge, decidió ocupar el asiento del conductor de ese automóvil ―que en pocos años había perdido demasiada cilindrada― para evitar el desguace. Por encima de todo, el estado de ese vehículo respondía a una triste gestión directiva que se había prolongado demasiado en el tiempo y que ponía a Koeman ante un reto muy complicado.

El 19 de agosto de 2020, cuando firmó, el neerlandés habló de “tomar decisiones” y “hacer cambios”. En una llamada telefónica de un minuto se cargó al tercer máximo goleador de la historia del club, Luis Suárez; y modificó el sistema, instaurando un 4-2-3-1. Lejos quedaba el consistente 4-4-2 de Ernesto Valverde o el 4-3-3, innegociable en tiempos pasados. Un doble pivote que solo ha tocado en tramos puntuales de contadas jornadas. Las llaves para Frenkie de Jong, que, tras un primer año sin pena ni gloria, debía adueñarse del centro del campo. “No ha jugado en su posición”, dijo el técnico en su primer día. Uno de los puntos fuertes de traer a Koeman era conectar, por fin, al mejor mediocampista de la Champions 2018/19 al juego azulgrana, otorgándole el liderazgo que caracterizaba al joven holandés en el Ajax. Sin embargo, pese a un contexto favorable para explotar y algunas actuaciones que evidencian un talento generacional, De Jong, condicionado también por la dinámica general del grupo, no está brillando con la periodicidad esperada.

Desde la lesión de Ansu Fati, que estaba siendo el arma más punzante, el equipo no ha sido capaz de ser regular, ni en juego ni en resultados ―esto último sí lo logró uno de sus predecesores en el cargo, Ernesto Valverde―. La Champions parecía una realidad paralela, pero, como era de esperar, fue un espejismo y la Juventus doblegó al equipo en la última jornada y le obligó a verse las caras contra el PSG en octavos. En la competición doméstica, el equipo ha ganado poco más de la mitad de los encuentros disputados y registra cuatro empates (Sevilla, Alavés, Valencia y Eibar) y cuatro derrotas (Getafe, Madrid, Atlético y Cádiz).

El equipo no ha sido capaz de ser regular, ni en juego ni en resultados

Lo alarmante va más allá de los resultados, que, si las sensaciones y la imagen son convincentes, acaban llegando. La preocupación mayor es la impotencia que transmite el equipo como conjunto en excesivos momentos, con piezas difíciles de encajar por su propia naturaleza que ocupan y pisan zonas similares ―como Philippe Coutinho, Antoine Griezmann, Pedri o Leo Messi―, sin la anchura y profundidad necesarias para aprovechar de manera adecuada el espacio y localizar los huecos óptimos que atacar del rival. En la ocupación del lugar, las figuras de Ansu Fati y Ousmane Dembélé ―ambos han sufrido lesiones― son indispensables. Una de las cosas positivas de la llegada de Koeman ha sido el adiestramiento del francés. El técnico está consiguiendo instruir a un jugador anárquico, desordenado y tendiente a desconectarse de lo que ocurre en el terreno de juego para reengancharse mediante una individualidad al recibir la pelota. El galo está siendo más paciente en el costado, manteniéndose abierto, y más acertado en la recepción y continuación del juego. Su toma de decisiones es cada vez mejor y empieza a entender la importancia de saber escoger el momento.

Cuando el Barça se atasca en ataque, el míster opta por cambiar el rumbo del encuentro mediante Francisco Trincão ―demasiado intrascendente― que suele buscar el centro y participar con su pierna más hábil. Por consiguiente, en esa zona, sobradamente transitada de por sí, se generan unas retenciones imposibles de resolver. Una opción para evitar el embotellamiento podría ser el estadounidense Konrad de la Fuente, que procuraría salir hacia la derecha y se entendería mejor con su compatriota Sergiño Dest. De momento, Koeman no ha decidido probar esta alternativa, igual que tampoco visualiza a Riqui Puig en el once, el más perjudicado por el esquema con el que trabaja el holandés.

Además, las dificultades que tiene el equipo en zona atacante derivan en disgustos defensivos. Ignorando los fallos individuales, achacables a errores técnicos puntuales o faltas de concentración, que no han sido pocos y han costado puntos, hay un problema evidente en el repliegue. La mala disposición en el campo complica la transición defensiva. Los dos pivotes se sitúan en la misma altura cuando se arma el asalto a la portería rival y, tras pérdida, el equipo se parte y la línea de atrás queda desprotegida. El Barça promedia un gol en contra por partido en Liga ―un total de 17― y ha concedido cinco tantos en la fase de grupos de la Champions.

El Barça promedia un gol en contra por partido en Liga y ha concedido cinco tantos en la fase de grupos de la Champions

El bajo nivel de Clément Lenglet, incapaz de erigirse en líder de la defensa después de la baja de larga duración de Gerard Piqué, también preocupa y compromete la retaguardia. Ahora mismo, parece que el central uruguayo de 21 años Ronald Araújo, que se ha mostrado convincente y poderoso en todas sus actuaciones ―pese al error frente al Eibar―, ha adelantado al 15 del Barça. Pese al decaimiento de Lenglet, mucho más fiable cuando juega junto a Piqué, hay esperanza. Aparte del charrúa, Òscar Mingueza también ha cumplido y Dest se está apropiando del lateral diestro. El exjugador del Ajax ―aunque únicamente suma un gol y una asistencia en lo que llevamos de temporada― está demostrando el atrevimiento, el desborde y la capacidad de asociación que avalaron su fichaje.

Lo más negativo del entrenador hasta el momento está siendo su dirección de campo. No está logrando intervenir a su favor en el desarrollo de la mayoría de los enfrentamientos. Al Barça le está costando horrores adueñarse de los choques y, aún más, darle la vuelta al marcador cuando está por debajo, algo habitual durante este curso. De hecho, ha comenzado perdiendo en 10 partidos y solo ha sido capaz de sumar todos los puntos en dos ocasiones, frente a la Real Sociedad (2-1) y al Athletic Club (2-3).

Un punto a favor para Koeman está siendo la irrupción de Pedri, aunque la naturalidad y el desparpajo del canario tienen mucho que ver. El recién llegado a la mayoría de edad flota por el verde y ejecuta todas sus acciones, imperceptibles para los contrincantes, con una frescura y delicadeza que recuerdan a un manchego campeón del mundo al que no hace falta nombrar. No es solo Pedri, el héroe de Wembley 92 está integrando ―cierto que las circunstancias también le fuerzan― a varios jóvenes en la dinámica del equipo, como los mencionados Araújo, Mingueza, Trincão o Dest, aunque, por contra, está descuidando a Carles Aleñá, que sale cedido al Getafe de Bordalás en la ventana de fichajes invernal, y a Puig, que fue de lo poco salvable la pasada temporada.

A lo largo de estos años de decadencia, había una figura que lograba que el vehículo se mantuviera dentro de la carretera: Messi, que llevaba tiempo ocultando los problemas que arrastraba el equipo y retrasando el siniestro, está menos acertado que nunca y eso se traduce en un Barça peleando por una plaza en Champions. Aun así, con su doblete ante el Athletic, suma nueve goles y se sitúa en lo más alto de la lucha por el pichichi.

El paso de Koeman por el Barça está siendo espinoso, y no es para menos. La entidad se encuentra en una etapa de transición y recuperación, a la espera de un nuevo presidente que conceda al club una identidad que poco a poco se ha ido desvaneciendo. El técnico está sobrellevando el reto como buenamente puede. No hay que obviar que en solo cuatro meses ha visto como su mejor activo quería irse, ha tenido que confeccionar una plantilla sin presupuesto, ha convivido con la recogida de firmas para el voto de censura y la posterior dimisión del presidente y la junta directiva y, además, si la inestabilidad que generan estos acontecimientos parece insuficiente, ha lidiado con una extensa lista de lesionados ―Ansu Fati y Gerard Piqué de gravedad― que ha aumentado la dificultad del desafío, que ya era complejo por sí mismo.

Este año debe servir para prosperar como conjunto, independientemente de si se coloca algún título en la vitrina. Integrar nuevas piezas que están llamadas a ser trascendentales en la próxima década, ayudándoles a crecer por medio de minutos de calidad, confianza y trabajo individualizado. Después de todo, se está llevando a cabo un proceso de rejuvenecimiento que requiere ―como es lógico― paciencia y esfuerzo. El engranaje volverá a funcionar, pero necesita tiempo. En medio de esta reparación, sin la certeza de si será del gusto del nuevo dueño, pero con la intención de agilizar el transcurso y reducir la espera del aficionado culé, crispado por tantas decepciones y anheloso de revivir tiempos pasados, está Koeman. Sobrado de valentía y personalidad, decidió coger un volante que, dadas las circunstancias, pocos querían. Con el aura de heroicidad que le acompaña desde aquel disparo en 1992, el holandés continúa probando de arrancar un coche al que aún le urge seguir en el mecánico.

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