Herradores, el retorno de una profesión minoritaria

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Paco Guerra y Juan Vila abren las puertas del mundo del herraje, una profesión centenaria que, pese a ser minoritaria, está resurgiendo de sus cenizas

 

Herradores, el retorno de una profesión minoritaria

1782. No se trata del año de un acontecimiento histórico, ni cualquier otra fecha en especial. Se trata de un número, de una cifra: el número total de herradores que actualmente hay en España según el Estudio del Impacto Ecuestre en España llevado a cabo por la Federación Catalana de Hípica. Mil setecientos ochenta y dos herradores para un total de 650.000 caballos registrados. Una profesión minoritaria con miles de años de historia que está en auge por la creciente demanda. Y es que, así como no se concibe el mundo sin zapatos, no se puede imaginar tampoco el mundo del caballo sin herraduras.

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El mundo histórico del herraje

Ser herrador es un oficio que ha evolucionado en el tiempo de manera formidable. Los inicios de dicha profesión se diluyen en el tiempo, pues este trabajo tiene origen desde que los caballos eran utilizados para labores agrícolas o para el transporte durante la Edad Media. A pesar de que es un empleo que se ejerce hace ya varios siglos, también ha tenido que ir evolucionando con el paso de los años. Los caballos destinados al deporte y al ocio fueron los predecesores de los de tracción o de tiro -empleados para arrastrar herramientas agrícolas, carros y carruajes- y por lo tanto los herradores se vieron obligados a metamorfosear sus técnicas.

La permuta de las técnicas en la creación de la herradura ha desembocado en un problema para la labor. La formación de algunos de los nuevos herradores no dispone de una buena base teórica, algo que podría suponer un problema en los próximos años. ”Yo me formé en tres años, ahora se forman en tres meses”, afirma Carles Vilà . A pesar de ser una profesión minoritaria, tiene diversas elecciones a la hora de llevar a cabo su ocupación. Centros ecuestres, clubes deportivos, hipódromos, centros de turismo ecuestre, explotaciones rurales pecuarias, centros de cría y recría, espectáculos y empresas con relaciones ecuestres o ferias, exposiciones y concursos son algunos de los ejemplos.

La evolución del oficio no solo requiere conocimiento preciso y profundo del pie y de la anatomía del caballo, sino que también liga a veterinarios y propietarios. Un tridente esencial para lograr una herradura cómoda y segura para prevenir enfermedades en los cascos de los animales.

Por ello esta profesión minoritaria es precisamente tan esencial. No obstante, el mundo del herraje ostenta sus luces y sus sombras y los herradores Carles Vila y Paco Guerra nos enseñan las claves de esta profesión.

 

“Trabajar con animales es una suerte, y más si son caballos”

Paco Guerra, a sus 52 años, es uno de los herreros que hoy en día siguen ejerciendo la profesión. Originario de Sevilla, se mudó a Barcelona a los pocos años, dónde tempranamente empezó a adentrarse en el mundo del caballo. Así, tras más de tres décadas en el oficio, explica cómo se inició en el mundo del herraje y qué es lo más arduo de la profesión.

“Empecé con 12 años, ponían unos ponis en la ruleta de la feria de debajo de mi casa. En el descanso cogían los ponis y los ponían en el camión para que comieran con la puerta bajada, cogí, me subí al camión cogí el poni lo bajé del camión. Me subí en él, empezó a correr y los vecinos me vieron y dijeron: ¡el niño! ¡El niño de la María! El poni a galope y yo agarrado a la crin como podía. Me dio una galopada, el pony me hizo un giro, me caí, me hice una brecha en la cabeza… Y paradójicamente ese día ahí empecé. dejaba de ir al colegio, ya iba a las hípicas siempre para estar con los caballos… Ya era pasión. No sabían que hacer conmigo mis padres. Yo me pasaba el día yendo a las hípicas, ayudaba a limpiar, estar con ellos”.

Paco Guerra

No obstante, tras tantos años de profesión, Paco destaca también aspectos negativos: “Lo que menos me gusta es cuando llevas herrando un caballo toda la vida y se muere y tienes que ir a sacarle las herraduras, porque cuando se incineran no pueden llevarlas”. “Esto es lo más fastidiado para mí de esta faena, cuando se muere un caballo tienes que ir a sacarle las herraduras y a lo mejor es un caballo que llevas 10 años herrándolo tú”.

“Lo que más me gusta es que trabajas con animales, que no estás de cara al público, siempre estás en naturaleza y aunque sea un trabajo físicamente un poco complicado -que tampoco lo veo más peligroso que un paleta que está en un andamio por ejemplo- pero es muy bonito que estás siempre en la naturaleza, en una finca, en una hípica, no es un sitio fijo. Vas a muchos sitios y sobre todo que trabajas con animales, trabajar con animales yo creo que es una suerte, y más si son caballos”.

Paco Guerra

Frente a la problemática que actualmente existe en el mundo del herraje, Paco considera que la presencia de pocos herradores depende mucho de la zona geográfica y de la tradición histórica de las diferentes regiones. “En Andalucía, por ejemplo, hay muchos más herradores, pero porque hay muchos más caballos”.

 

DISTRIBUCIÓN DE HERRADORES POR CCAA

 

“Otra cosa es la calidad de estos herreros, y más los que son más jóvenes, porque el oficio no se enseña como antes”. Y es que Paco es firme partidario de que se aprende con la experiencia y gracias a ver otros profesionales, pero considera también que muchos jóvenes se lanzan a la profesión sin saber realmente la responsabilidad que conlleva. Un oficio que le apasiona, una problemática que -en el fondo- le atormenta.

Como también atormenta y preocupa, en mayor medida, a Juan Vila, herrero especializado en caballos de alta competición.

Una problemática estrechamente relacionada con el aumento de profesionales en el sector. Y es que, aunque la profesión del herrador en las últimas décadas parecía ir en descenso, lo cierto es que esto no es del todo así. Si bien, sí que a finales del siglo pasado y principios del actual este trabajo decayó considerablemente, en los últimos años está resurgiendo levemente debido al aumento de caballos en el país. Por lo que todo indica que el oficio del herrador, lejos de desaparecer, podría renacer en los años que vienen. “Ahora está resurgiendo todo de nuevo y se necesitan herradores. Eso también supone un problema porque no se forman bien”, dice Juan.

Así, como adelantábamos, uno de los hándicaps de este incremento es que los nuevos profesionales de la herradura ya no se forman como se había hecho hasta hace unos años, a través de generaciones de herradores que enseñan desde pequeños a sus descendientes. Hoy en día los herradores superan cursos breves en escuelas ecuestres que no ofrecen la experiencia ni la técnica suficientes para ejercer la profesión con la misma eficacia y dedicación que se hacía en el pasado. “Yo me formé en tres años, ahora se forman en tres meses”, concluye Juan. “El trabajo del herrador ahora se enseña mal”.

Otro de los grandes inconvenientes es que actualmente no existe una regulación oficial. Esto supone un problema para los herradores ya que conlleva a que cada uno pueda ir a su libre albedrío y actuar por su cuenta. “Para los más honestos sí que supone un problema”, afirma Juan.

Una problemática a la que todavía no se ha encontrado solución por la falta de sindicatos que defiendan el sector. No obstante, una cosa está clara: ser herrero es una profesión que, a pesar de ser minoritaria, es completamente esencial. Los caballos necesitan a los herreros como los humanos necesitan sus zapatos, sobrevivirían sin ellos, pero su calidad de vida sería mucho menor. Sin embargo, un problema no siempre comporta oscuridad. Y es que Paco y Juan son sólo dos ejemplos que ayudan a entender mejor la coyuntura actual del mundo del herraje e ilustran cómo se está produciendo el retorno de una profesión minoritaria que, pese a sus sombras, está resurgiendo de sus cenizas.

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MÁS SOBRE LA PROFESIÓN

Þ Tiempo de herraje y herramientas

 

“Los caballos se hierran según los veterinarios entre 6 y 8 semanas, máximo 2 meses, porque cuando pones una herradura el casco ya no para de crecer por lo que el tendón principal que tiene detrás, el tendón flexor, cuanto más larga se pone la uña más se tensa, por lo que luego si cortas mucho de golpe el tendón puede destensar bruscamente y tienes una tendinitis, que son 6 meses el caballo parado. Por eso a los dos meses hay que sacar las herraduras, cortar casco, dejarlo a su medida y ponerle una nueva para que el tendón no tenga margen a crecer mucho. Y luego también para que el caballo no se tropiece, porque es como si tú llevas un zapato 3 números más. La herradura en la uña hace el efecto como para nosotros unas zapatillas. Un caballo puede ir descalzo si trabajan poco, están en libertad, o terreno blando, porque por naturaleza ellos van trabajando y se van desgastando. Pero si lo llevas tres horas por las calles o por el asfalto hay un desgaste mucho más grande y vendría cojo, es como para nosotros cortar las uñas más de la cuenta. La herradura hace el mismo efecto que para nosotros una bamba”

Paco Guerra, Herrador profesional con 30 años de experiencia

 

HERRAMIENTAS DE UN HERRADOR 

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