La COVID-19 ha dificultado el diagnóstico y el tratamiento de la endometriosis

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La COVID-19 ha dificultado el diagnóstico y el tratamiento de la endometriosis

Varias afectadas cuentan cómo han gestionado la enfermedad durante el confinamiento

Debido a la COVID-19 nos encontramos ante una situación de emergencia; no solamente a nivel personal, sino también sanitario; con todas las consecuencias sociales que esto conlleva. Las enfermedades que rodean la intimidad femenina siguen veladas por el tabú que llevamos arrastrando durante siglos. 

Hoy en día, poco a poco, las mujeres han conseguido que se empiecen a estudiar sus enfermedades específicas, pero aún queda mucho por descubrir. El dolor de más de 200 millones de mujeres es invisible ante los ojos de la sociedad; dos de cada diez mujeres en edad fértil tiene endometriosis.

Hablamos de endometriosis cuando tejido similar al del útero crece fuera de este. Estas células son úlceras que se descaman según las hormonas; tal y como ocurre durante la menstruación. Pero estas se implantan y son, en verdad, una especie de tumor benigno que va invadiendo tejido sano. Ante este suceso, el cuerpo reacciona con una inflamación constante ya no solamente de la zona pélvica, sino también del aparato digestivo e incluso el apéndice.

El dolor que genera en la gran mayoría de casos es incapacitante, y también crónico. Tampoco se sabe por qué aparece ni cómo acabar con ella, hechos que también dificultan notablemente la calidad de vida de las mujeres que padecen la enfermedad. 

Además de la gran cantidad de mujeres a las que afecta, la media de diagnóstico es de 8 años. Davinia, afectada de endometriosis, afirma que “el diagnóstico de la endometriosis es complicado porque está muy normalizado el dolor menstrual; también los desajustes hormonales”. “Hay que insistir mucho para que se vea que no es un simple dolor de regla”, añade Davinia.

Fuente: Pixabay

Máquina de diagnóstico / Fuente: Pixabay

Uno de los efectos más temidos de la COVID-19 es la saturación de hospitales, hecho que ya tuvo lugar al principio de la pandemia. Esta emergencia ha generado un retraso notable en la investigación de la enfermedad, pues, como a muchas otras, la ha dejado en segundo plano.

La afectada remarca que “a día de hoy desde octubre estoy esperando una prueba porque mi dolor se ha agudizado mucho y me impide realizar una vida normal, una jornada laboral... Esta prueba nunca llega porque las pruebas de diagnóstico están paradas por la pandemia desde hace meses”.

Sabrina, otra afectada dice que "con la pandemia se han cancelado y retrasado consultas”. “La endometriosis va avanzando mes a mes y hay que controlarla cada 3 o 6 meses para ver si el tratamiento es efectivo; también se tiene que ver que no haya provocado otros problemas y hay que dar tratamiento a mujeres que no tenían ningún síntoma previo”, remarca Sabrina.

Además de haber dificultado más el diagnóstico, es evidente que la pandemia también ha empeorado la calidad de vida de las afectadas. Durante el periodo de confinamiento, esta desatención ha impactado negativamente en muchas de las afectadas. Davinia dice: "la ansiedad durante la pandemia y la imposibilidad de atención médica inmediata afectó a mi condición”. “Sufrí una inflamación durante el primer cierre y no conseguí que un médico me tratase”. “Al final, tuve que pasar 24 horas en urgencias para acceder a unos antiinflamatorios que normalmente se administran en 3 horas, lo que implica pagar a un médico privado”, añade Davinia.

Sabrina también indica que con la pandemia ha sufrido mucho dolor. Además, añade que "el estrés es malísimo y la espera de más de 6 meses para una consulta ha sido una pesadilla”.

 

BE06E98E-FCD9-4CDE-B6AA-7D916A7C91C4También el miedo a un posible contagio ha influido a la hora de tratarse. Rocío, cuyo caso presenta muchas similitudes con los anteriores, añade que los primeros meses de pandemia tuvo cólicos muy fuertes, hasta el punto de querer ir a urgencias al hospital, pero por miedo a la pandemia no fue. La afectada remarca que “eran mis primeros cólicos, porque llevo poco con esta enfermedad y llegué a sentir mucho miedo”.

 

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Un intestino con focos endometriósicos / Fuente: Wikimedia Commons, Nephron

El caso de esta enfermedad ilustra que es necesaria una mejora del sistema sanitario; ya no solamente por la dificultad añadida del COVID-19. La sanidad no solo debe estar para salvar a las personas, sino también para mejorar su calidad de vida. Los dolores de la endometriosis suponen, también, una carga mental para quien sufre la enfermedad. Así pues, ayudar a combatirla tendría un efecto no solo a nivel físico, sino también en lo relativo a la salud mental.

Davinia dice que "el sistema sanitario necesita un gran refuerzo para poder abarcar enfermedades que, como la endometriosis, necesitan un enfoque más global y una atención más rápida en cuanto al diagnóstico”. Esta enfermedad no afecta solo al área de ginecología”, remarca Davinia.

 

 


 

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