El caso Tamara Carrasco y el poder de la palabra

Dani Codina / Òmnium Cultural
Dani Codina / Òmnium Cultural
El caso Tamara Carrasco y el poder de la palabra

España se ha vuelto a retractar. En abril de 2018 detuvieron a Tamara Carrasco, una activista de los ‘Comitès de Defensa de la República’ (CDR), acusada de terrorismo y rebelión por un mensaje de WhatsApp. En el momento en el que Carrasco fue detenida, el Partido Popular (PP) comparaba a los CDR con la ‘kale borroka’ del País Vasco y afirmaba que serían investigados por rebelión por sus actos vandálicos. Dos años después, la jueza ha descartado estas acusaciones y ha clasificado el mensaje de Carrasco como un mensaje a amigos con información sobre acciones de los CDR. Nada más, el mensaje sobre el cual se cargaban acusaciones penales era meramente informativo. Por este preciso mensaje la fiscalía pedía siete meses de prisión.

El problema de esto es que la acusación impidió a la activista de los CDR salir de Viladecans, su municipio, durante un año entero. Incluso cuando se descartaron los delitos más graves, la Audiencia Nacional tardó siete meses en llevarla a los juzgados catalanes. Carrasco no pudo ni visitar a su madre durante todo ese tiempo. Entonces se tardaron seis meses más por discrepancias entre los juzgados catalanes. Carrasco, mientras tanto, seguía sin poder salir de su municipio.

La activista de los CDR tiene la intención de pedir una indemnización al Estado por los 13 meses en los que no ha podido salir de Viladecans, se le ha acosado mediáticamente y se le ha culpado de algo que ni siquiera había hecho. Pero, ¿quién le devuelve a Carrasco todo este tiempo?

Durante su detención, algunos medios acusaron directamente a Carrasco sin ni siquiera ser juzgada. Se publicaron noticias con titulares como “Detenida una cabecilla de los CDR por actos terroristas”, en El Mundo. Estos no utilizaban ni un “presuntos”, no decían ni su nombre, solo hablaban de terrorismo callejero. Ahora estos medios se esconden y ya no destacan la noticia. De repente se han olvidado de la que hace dos años fue prejuzgada como terrorista y ni siquiera destacan el desenlace del proceso judicial, cuando en su detención se le dedicó un espacio en la portada o, como en el caso del ABC, toda la portada entera con una foto de la acusada.

Creo que todos debemos ir con mucho cuidado con estos temas, sobre todo aquellas personas que trabajan en medios de comunicación. Debemos ser conscientes de la importancia que tiene la palabra y aquello que queremos expresar. La presunción de inocencia está desapareciendo en algunos medios, y esto puede tener graves consecuencias en aquella gente que los consume. La opinión pública es muy manipulable y es por eso que Carrasco ha sido identificada como terrorista durante este tiempo sin ser juzgada por ello.

Las consecuencias psicológicas de Carrasco habrán sido devastadoras, y eso es algo que deberían tener en cuenta esos medios que la han prejuzgado para, en adelante, hablar con más precaución de otra persona acusada. Todos somos inocentes hasta que se comprueba lo contrario.

Si somos valientes para acusar también lo hemos de ser para reconocer errores y pedir perdón. No podemos olvidar el poder de la palabra. Nadie le devolverá a Carrasco el tiempo perdido. Pero ella ha perdido algo más que tiempo. Una palabra le arrebató el honor y la dignidad. Una palabra, una disculpa pública de sus difamadores, le puede devolver lo que le robaron. Es cuestión de justicia. ¿Cuándo llegará? Hace tiempo que la está esperando. Hace tiempo que la estamos esperando.

El caso Tamara Carrasco y el poder de la palabra