‘Ley Celaá’: ¿La escuela interminable?

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‘Ley Celaá’: ¿La escuela interminable?

España tiene una tasa de abandono escolar del 17%, una de las más altas de la Unión Europea. Por este motivo, y siguiendo las recomendaciones del Parlamento Europeo, España se plantea ampliar la escolarización obligatoria de los 16 a los 18 años mediante la ‘ley Celaá’. Partidos como PP, Compromís y Unidas Podemos respaldaban el pasado mes de septiembre dicha propuesta. Sin embargo, se trata de una posible ley que genera controversia. El colectivo de profesores lleva denunciando desde febrero de 2019, cuando se presentó el proyecto para la reforma de la Ley Orgánica de Educación, que es complicado retener a jóvenes de 15 años sin ningún interés por completar la educación básica obligatoria.

Es necesario que la educación se encuentre sobre la mesa del debate político constantemente y que la búsqueda de medidas que la fomenten y la mejoren sea incesante y efectiva. Nunca será poco el presupuesto de un país en educación, puesto que la riqueza de este, no solo en el sentido de la acumulación de capital, se ve reflejada en la acumulación de conocimiento de las personas que lo forman. Sin duda, la calidad educativa es la prioridad.

Esta tasa de abandono escolar es claramente un indicativo de que algo falla y que se deben producir cambios. Pero, ¿es la ‘ley Celaá’ la mejor opción? Se trata de una medida incapaz de solucionar los problemas estructurales de un país. Mantener a un joven dos años más en un aula, en contra de su voluntad, no soluciona nada. ¿Por qué no se piensa en métodos que hagan que este joven quiera ir a clase por voluntad propia? Nos cuesta reconocer que no todo el mundo sirve para estudiar. Hay que acabar con el mito de que, si no estudias bachillerato o no vas a la universidad, tu vida está orientada al fracaso. Todos los trabajos son válidos. Debería existir igualdad y libertad entre las personas para poder trabajar en aquello que les haga más felices sin ser juzgadas desde puntos de vista subjetivos sobre qué es mejor y qué es peor.

La educación debería plantearse de tal manera que los jóvenes sintieran que están haciendo algo por ellos y por su futuro, no como un lugar en el cual si no destacas eres un inútil a ojos de la sociedad. Enseñar a pensar, a decidir, fomentar los oficios, a trabajar para ser válidos en lo que los jóvenes quieran ser. Quizás es una mirada muy ideal sobre lo que debería ser la educación, pero creo firmemente que es realmente sobre lo que debería preocuparse el Ministerio de Educación de nuestro país para no producir en masa anualmente personas sin espíritu crítico. Al final todo es cíclico, las personas no saben pensar, no desarrollan capacidad de decisión y se convierten en carne de caciques. Como consecuencia, nos encontramos ante un país dirigido por una élite política insensible a las preocupaciones reales de la sociedad a la que se suponen que representan y que perpetúa los problemas con políticas inútiles.

Dos años más de educación obligatoria es tapar un problema y no buscar su raíz. El problema del abandono y el fracaso escolar viene de lejos y es un problema estructural. Por este motivo, la respuesta no es lanzar leyes que minimicen los errores de las leyes anteriores, es remodelar el sistema educativo y cuestionarse muchas cosas: ¿por qué no quieren estudiar?, ¿el problema es de quien no quiere aprender o de quien no sabe enseñar?

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